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Probióticos y la salud de la piel

Dra. Begoña Cerdá Martínez-Pujalte.

"La administración oral de probióticos ha demostrado su efectividad en dermatitis atópica, en dermatosis de origen intestinal, en acné e incluso se ha estudiado el efecto beneficioso en terapias combinadas con antibióticos".

La piel es el órgano más extenso del cuerpo, en un adulto puede llegar a medir unos 2 m2 y supone aproximadamente un 8% del peso corporal. Desde un punto de vista estructural, la piel está formada por tres capas de tejido: la epidermis, la dermis y la capa subcutánea (grasa); cada una de ellas tiene unas características y funciones determinadas. La piel tiene una gran importancia ya que es la cubierta que protege a nuestros órganos de las agresiones del medio ambiente.  Además, actúa como primera línea defensiva del organismo, la piel sana mantiene el equilibrio de líquidos, contribuye a regular la temperatura corporal y es muy sensible, reconoce desde un suave roce hasta un intenso dolor. Por tanto, la piel juega un papel fundamental como barrera frente a diferentes tipos de agresiones (mecánicas, químicas, tóxicas y de microorganismos patógenos) y actúa como filtro frente a las radiaciones ultravioleta.

La microbiota cutánea: bacterias, hongos y virus

El ecosistema de la piel es un entorno complejo en donde conviven una amplia gama de microorganismos que incluyen bacterias, hongos y virus, denominados en su conjunto como microbiota cutánea. Estos microorganismos pueden ser transitorios, temporales o residentes. Algunos se consideran beneficiosos, algunos neutrales y otros patógenos. Estos microorganismos intervienen en la protección contra patógenos invasores, en el desarrollo de enfermedades inflamatorias y en el mantenimiento de la homeostasis cutánea. Un solo centímetro cuadrado de piel humana contiene hasta un millón de microorganismos. Si bien las bacterias representan solo el 0,1% de este total (1 millón/cm2), se consideran los organismos vivos más importantes de este ecosistema. Las bacterias están presentes en la superficie de la piel, las capas más profundas de la epidermis, la dermis y el tejido subcutáneo. La composición de la microbiota cutánea varía entre los individuos y depende de la topografía de la piel.

Investigaciones recientes indican que tanto la diversidad bacteriana como la abundancia relativa de diferentes microorganismos presentes en la piel pueden contribuir a la estabilidad o a la disfunción de la barrera cutánea. La bacteria más comúnmente aislada en la microbiota cutánea sana es Staphylococcus epidermidis, que constituye hasta el 90% de las especies aeróbicas. Este microorganismo equilibra la respuesta inflamatoria después de una lesión al producir moléculas antimicrobianas que inhiben selectivamente a los patógenos de la piel como Staphylococcus aureus.

Una microbiota sana y equilibrada es un escudo microbiano contra los microorganismos patógenos, previene la sequedad de la piel, mejora la salud de la piel y modula la inmunidad del huésped. Los factores ambientales externos e internos (radiación ultravioleta, contaminación, medicamentos tópicos y productos para el cuidado de la piel), a los que la piel está constantemente expuesta, pueden alterar la relación equilibrada entre la piel y su microbiota. Esta alteración puede conllevar un mayor riesgo de infecciones, enfermedades inflamatorias crónicas de la piel como dermatitis atópica, psoriasis, rosácea, acné; y problemas de piel sensible, pruriginosa e irritada.

La relación de equilibrio entre la piel y su microbiota

Parece lógico pensar que un posible tratamiento a las patologías cutáneas pueda ser reestablecer el equilibrio entre la piel y su microbiota. Los probióticos tienen la capacidad de optimizar, mantener y restaurar la microbiota cutánea mediante diferentes mecanismos tales como: modulación del sistema inmune, inhibición de la adhesión de microorganismos nocivos, producción de sustancias químicas que inhiben a los microorganismos nocivos, promoción de la secreción de mucinas y estimulación de la liberación de defensinas desde las células del huésped; entre otros.

Por tanto, los probióticos pueden constituir una alternativa en el tratamiento de diferentes patologías cutáneas. De hecho, diferentes estudios clínicos han indicado que los probióticos tienen efectos beneficiosos a nivel cutáneo tanto de forma directa como indirecta. Sus efectos beneficiosos se han estudiado tanto en la administración por vía tópica como por vía sistémica y su efectividad se ha comprobado en las principales patologías cutáneas (acné, dermatitis atópica y rosácea). Las aplicaciones tópicas de bacterias probióticas tienen un efecto directo en el sitio de aplicación al mejorar las barreras de defensa naturales de la piel. Los probióticos, así como las bacterias residentes, pueden producir péptidos antimicrobianos que benefician las respuestas inmunitarias cutáneas y eliminan los patógenos. La administración oral de probióticos ha demostrado su efectividad en dermatitis atópica, en dermatosis de origen intestinal, en acné e incluso se ha estudiado el efecto beneficioso de los probióticos en terapias combinadas con antibióticos, con resultados muy prometedores. Los probióticos tienen un efecto positivo en la piel al modular el sistema inmunológico y proporcionar beneficios terapéuticos para las enfermedades cutáneas.

Aunque son necesarios más estudios, parece claro que los probióticos pueden tener un gran potencial en la prevención y el tratamiento de enfermedades de la piel como eccema, dermatitis atópica, acné, inflamación alérgica, hipersensibilidad cutánea y daño cutáneo inducido por la radiación ultravioleta.

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